Repentinamente su pecho se infló, pero por el contrario de lo que cualquiera pensaría no había orgullo, satisfacción o felicidad en él, solo una sensación asfixiante y opresiva, una desesperación que caló hondo y se alojo en su corazón, pulmones y garganta. Con el tiempo, logró acostumbrarse a aquella situación aparentemente inacabable. Terminó hallando un poco de paz en el latir furioso, y un tanto doloroso, de su corazón, en su pesado respirar, en aquel insomnio recurrente y aquellas interminables ganas de correr lejos, lo máximo que dieran sus piernas, para acabar gritando lo más fuerte que pudiera. Con el tiempo, logró realizar las tareas más cotidianas y sentir que, si bien no estaba bien consigo misma, se encontraba en paz con su entorno.
lunes, 5 de enero de 2015
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A veces es necesario cambiar para seguir avanzando. Modificarse uno mismo, adaptarse al entorno o de lo contrario decidir quedarnos tal cuál y ser devorados por aquello que no conseguimos superar.
En un comienzo, creo, siempre suena terrible el deber cambiar, ya sea para conseguir la aceptación propia como la de los demás. Sin embargo, hay ocasiones, como ésta en la que lo más terrible es quedarse atrás, con la resignación pesando en los hombros.
Estoy decidida a que, contrario a lo que dice mi horóscopo (aunque creo mucho en él), este sea mi año. Lograr sobreponerme a todo lo negativo y estar más presente en la vida de quienes aprecio.
Definitivamente es hora de hacer las cosas bien.
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