Al comienzo no sabía qué escribir, pero ahora si. Lo escribiré todo.
Han sido meses complejos, y no me lo esperaba. De vacaciones uno tiene la esperanza de descansar, de ir sonriendo por la vida porque puedes dormir hasta tarde, porque puedes hacer planes para el día que quieras, porque puedes gastarte el tiempo como se te antoje, pero no fue así para mi (al menos no logré sonreír tanto como me hubiese gustado).
Matias terminó conmigo para Navidad, luego de Año Nuevo y por último, antes de San Valentín y cada una de las veces me lo esperaba porque es así. Siempre desaparece para las fechas "importantes" y asumo mi parte de la culpa porque lo llevo al límite, le exijo cosas que sé que ya no hará por mi (aunque ciertamente no deja de ser doloroso).
Por otra parte, me quedé encerrada en Santiago, respirando su smock, sintiendo su calor abrasador y su falta de brisa fresca. Extrañé el mar, la arena, el viento frío de la costa, la despreocupación por llegar a un lugar que no es el tuyo pero que es mejor. Ah, cómo me gustaría salir de mi casa pero para siempre. Cómo me encantaría tener los recursos necesarios para ayudar a mi familia y, si soy egoísta, ayudarme un poquito más a mi que a ellos para tener mi sitio, mi propio espacio.
Esto último me tiene por colapsar, mi mente bulle en ideas y desesperación cada vez que recuerdo que para llevar a cabo mis sueños debo esperar 3 años más. Juro que no lo soporto más. Quiero salir ya de este infierno.
Finalmente el tema que me tiene en conflicto conmigo misma es el hecho de que Matias decidiera mentirme en la cara para salir con su amigo y dos minas. No sé si me cagó (tampoco creo que no lo haya hecho porque de no ser así, ¿Para qué molestarse en mentirme?), ya no estoy segura de esto.